Eres tú


Eres tú porque me haces brillar en la oscuridad, porque cuidas tan bien mi vulnerabilidad que creo que soy fuerte. Eres tú porque has rehecho un muro completamente derrumbado y lo has conseguido pieza por pieza, siempre más despacio que deprisa. Eres tú porque no me reprimes el alma, porque no me haces sentir pequeña en un mundo de grandes, sino un gigante encerrado en el cuerpo de alguien diminuto, pero imprescindible. Eres tú porque tu espalda me cuenta que no solo hay poetas tristes, también los hay que escriben por amor y que se embarcan en una aventura muertos de miedo porque eso significa vivir. Eres tú porque las baladas tristes contigo no suenan a despedida, pero sí a eternidad. Eres tú porque no me prometes nada que no seas capaz de cumplir, porque no me ves capaz de no hacer algo, porque serás el primero en empujarme a conseguir algo absurdo que me haga feliz y estarás pendiente por si algo sale mal. Eres tú porque no entiendes el problema sin la solución, porque no crees en la imposibilidad de hacer algo. Eres tú porque sabes que puedes solo y, aún así, no has pensado en la posibilidad de dejarme al margen. Eres tú porque estamos abocados a una calle sin salida y todavía quieres seguir andando.

Y es por esto (y por muchas cosas más) por lo que renunciar a ti sería renunciar a vivir la vida frágil desde la perspectiva de un valiente. Sería malgastar el tiempo buscando una razón por la que seguir que no fuera porque sí.

Mío


Mío unos ratos (y otros también),
pero, que conste, mío sin posesión.                    
Porque yo sí te quiero.              
Te quiero libre.                      
Y mucho y muy bien.                      
Pero libre.

Y espero que puedas perdonarme por quererte de esta forma tan absurda.
Y espero poder perdonarte yo por quererme así, así de bien.

Y con esto no sé si te estoy abriendo las puertas del caos o si te estoy brindando la oportunidad de destrozarme por completo. Digamos, mejor, que estoy siendo sincera sin quererlo. Digamos, que me estoy dando la opción de hacer las cosas bien y de ser dueña de mi misma mientras me dejo llevar por una brisa de críticas no constructivas, un poco violentas; pero también por unas manos que aprietan al son de un 'todo va a salir bien'. 

Mía. Mamá.

Eres la mejor aventura
que he vivido, 
la mejor arma 
con la que luchar.

Eres la mejor compañera
de vida,
la mejor armadura
con la que me puedo refugiar. 

Eres un salvavidas
en medio del mar
y una salida de emergencia
cuando después de mucho perder,
no sé por dónde empezar a buscar.

Eres el precipicio 
por el que estaría dispuesta a saltar.
Eres calma, a pesar del huracán.

Y también eres mía. 
Mía. Mamá. 


Feliz

Te veo girar la esquina
después de desarmarme
y proclamar la libertad
en la comisura de mis labios.

Te veo irte
con tan pocas ganas
que me dan ganas de atarme
y fundirme en una reivindicación constante
a favor de ti.

Te siento
como si fueras el primer día de calor
después de un invierno
horrible.

Te siento y
mientras te siento
me siento
también.
Feliz.

Tu ya no

El día que dejes de quererme moriré hecha pedazos, hecha una historia incapaz de contar. El día que no quieras verme prenderé mis sueños y haré estallar mis falsos versos en mil fonemas, dejando todo en mi vida sin significado, sin unión. El día que cierres el telón no podré culpar a nadie más que no sea yo, porque he jugado con agujas y he terminado hilando mi propio miedo en una capa inmensa de cobardía. El día en que, por fin, calles, sentiré el mundo vacío y una eterna soledad llena de gente que no me mira como tú. El día en que dejes de diferenciarme del resto como la rara más especial que ha pestañeado en tus mofletes, dejarán de existir los inviernos cálidos y helados, porque nadie entenderá más que yo que lo blanco también es negro si eres capaz de no juzgar.

Tierra apágame

Eres un incendio en medio del bosque la primera quincena de agosto, formando el caos y la desesperación de quien ve su casa hundirse sin poder hacer nada, sus recuerdos mascullarse y saltar por los aires, la falta de oxígeno del que se ha quedado dentro y del que ya no puede salir porque está muriendo ahogado. 
Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. Yo ahora mismo creo ser naufrago a la deriva, sin más ganas de salvarme que las tuyas en verme volver, un espejismo en medio del desierto como sinónimo de la probabilidad que existe de que nuestros caminos se crucen en algún punto del camino. Eres como firmar mi sentencia de muerte, aunque no es eso lo que duele, sino que de verdad me importe que formes parte o que dejes de tener un hueco, que deje tu cara de girarse al verme pasar y tu respiración de entrecortarse con la mía cuando estoy saltando al vacío y debajo solo hay fuego, llamas, ceniza. 

Invencibles

La quería de una forma tan cruel que creía estar perdiendo la razón de ser, apenas resistía los golpes y se sentía soldado perdiendo una batalla contra su cuerpo cada vez que ella lo tocaba y deslizaba las manos frías por su cuello con una sonrisa un poco idiota. Bailaban pisándose los pies, rompiéndose las caderas y derrapando entre sus propias curvas. De él, aunque no sabemos mucho, sabemos que cada vez era menos él y más ella, pero ella con su particular manía de intentar controlar todo lo que tenía en su cabeza, en sus manos y en su piel. 
El mundo se fragmentaba cada vez que la miraba con cara curiosa, lanzaba un 'te quiero' al aire sin esperar ningún tipo de respuesta y se dejaba arrastrar calle abajo sin llevarse nada más a cambio que un tremendo huracán, varias tormentas, dos naufragios, siete caídas al vacío, un dolor muy fuerte en los huesos, una bocada de aire frío, la sensación de ahogo, el desconcierto, el miedo... el miedo y su risa a carcajadas inundando toda la ciudad bajo un cielo negro, proclamándose el mejor sonido que nunca había escuchado, la nota que a su voz le falta, la pieza que entre tanta búsqueda había acabado encontrando. 
El mundo creyó romperse una noche en la que la miraba amenazante y pronunciaba lo guapa que estaba como queriendo decir que las había visto más bonitas, pero no mejores. Cargando en sus espaldas una vida un poco oscura había conseguido romper esquemas, planes, prejuicios, excusas... había conseguido aprender a querer y a ser querido, a dejar su piel a cargo de otras manos que saben cómo tratarla, que conocen qué pieza hay que tocar para que todo empiece a funcionar. Esta es la historia de cómo la persona más valiente del mundo chocó con la más cobarde, la historia de cómo se hicieron un nudo casi imposible de deshacer. 

Yo todavía creo recordar aquellas risas, aquel jaleo de felicidad, aquella complicidad disfrazada de confianza. Invencibles.
Invencibles era lo que parecían ser cuando caían rascacielos y muros, cuando andaban entre escombros y ruinas sin más miedo que perderse y no saber dónde encontrarse o, peor aún, no saber dónde buscarse.