Es una pena que se distorsionen las historias y que, ahora, después de mil diluvios, olvidemos el por qué empezó realmente la tormenta. Desde aquí te digo que soy tornado arrasando conmigo y que, dentro de mi caos, hay quien está siendo mi paz. Pero no sin antes dejarte marchar. 

'Se piensa el ladrón que todos son de su condición.'

Deseos a las 00:00

Y, por favor,
que me paguen en risa
la complicidad de mi contigo.

Y, si puede ser,
que se acaben en el mundo
los infiernos disfrazados de cielo.

Y, si es posible,
que le apaguen la voz al recuerdo,
porque llora hasta mi ausencia.

Y, si se me permiten quejas,
qué malo no encontrarse,
qué raro verse y no estar.

Si para ti el amor era decir te amo

Si para ti el amor era decir te amo,
para mí era ser invencible en medio de la guerra.

Si para ti el amor era decir te amo,
para mí era matar monstruos. Por ti. 

Si para ti el amor era decir te amo, 
para mí era dejar de ser hielo.

Si para ti el amor era decir te amo, 
para mí era apostar y salir perdiendo.

Si para ti el amor era decir te amo, 
para mí era hacer nuevos planes. Por ti. 

Si para ti el amor era decir te amo, 
para mí era dejarte inundarlo todo,
para luego verte ir con otra que sí decía te amo.
Pero no era capaz de hacer nada más. 

Érase

Érase una vez.
Aunque no fuese una,
sino más.

Érase tú,
una tarde de invierno
sin más abrigo
que mi risa.

Érase yo,
llamándote hogar,
abriéndote las puertas de casa.

Érase un verano,
yo más fría que en pleno enero,
ardiendo a fuego lento
por amor.

Érase.
Porque ya no.

Día 2

De repente rota, como un reloj que, aunque hace meses se quedó parado, te empeñas en llevar por no sentir vacíos. Como cuando te quedas blanca mirando un punto fijo y ya no escuchas, pero oyes mucho ruido que parece salir de dentro, dejando mudo al resto. 

Y ya no solo es estar rota, es romper con todo y romperlo todo. Tratar de lidiar con esa imagen que te viene a la cabeza cada vez que cierras los ojos, esa que te hace sentir engañada, decepcionada y rota, aún más rota de lo que ya estabas sin que nadie te enseñara la verdad oculta que te estaba haciendo pedazos. 

La pena es que las personas que parecen perfectas son las que más taras tienen. Y lo mismo pasa con las más sinceras, que son las que más mienten. Aunque, realmente, exponerte una vez a la mentira no parece importar cuando llevas viviendo en una más del tiempo que te estaba permitido. Y cuando esa mentira incluye un te quiero como a nadie antes, te das cuenta de que nunca te van a querer tan poco como lo ha hecho quien te ha dejado así. Así de rota. 

Chica, dicen que te has vuelto una cobarde porque, aunque te han visto naufragar en muchas islas y disfrutar de la soledad, ahora te ven bajando del barco y anclando sueños en tierra. Es más, dejas tal rastro de ti allá por donde pasas que parece que, en vez de huir, estás esperando que las respuestas te encuentren.

Miedos felices

Un día me encontré con el miedo. Sentí que mi corazón me provocaba el impulso de huir, que un escalofrío recorría mi cuerpo. Así que escapé por una calle estrecha y oscura. Se me olvidaba contar que la calle por no tener, no tenía ni salida. Y que terminé frenada contra un muro,  contra una pared gigante, sin ninguna escapatoria. 

Lo que pasó después es que yo quise ver el final con mis propios ojos y me topé con un rayo de sol, un bulevar lleno de gente, carcajadas de fondo y un par de gatos callejeros. También me vi a mi creciendo de golpe y enfrentándome a lo que algún día me hizo sentir completamente inválida.

Bueno, os hablo de la vida, de que tenía la manía de huir para sentir lástima de mi misma porque no quería darme cuenta de que si te miraba a los ojos y te hacía costumbre dejarías de ser miedo para convertirte en realidad, en una rutina de buenos días, en juegos constantes en los que solo me escondo cuando quiero que me busques. Y que me encuentres.

Entendí que había perdido gran parte del tiempo creyendo que las cosas eran complicadas y que todo el mundo tenía que terminar por hacernos heridas, dejándonos igual de rotos que el primer día que nos vieron tirados en la calle, con la boca entreabierta, los labios secos, la cara mojada y la vista empañada. 

Resultó, entonces, que la persona a la que yo llamaba miedo me miraba como si yo fuera esperanza. Tuve que empezar a creer en que los sueños, a veces, forman parte del 've y consigue lo que mereces'. Comprendiendo, al fin, que, limitándome a vivir lo realmente inevitable, no tendría nada que mereciera la pena contar.