Tierra apágame

Eres un incendio en medio del bosque la primera quincena de agosto, formando el caos y la desesperación de quien ve su casa hundirse sin poder hacer nada, sus recuerdos mascullarse y saltar por los aires, la falta de oxígeno del que se ha quedado dentro y del que ya no puede salir porque está muriendo ahogado. 
Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. Yo ahora mismo creo ser naufrago a la deriva, sin más ganas de salvarme que las tuyas en verme volver, un espejismo en medio del desierto como sinónimo de la probabilidad que existe de que nuestros caminos se crucen en algún punto del camino. Eres como firmar mi sentencia de muerte, aunque no es eso lo que duele, sino que de verdad me importe que formes parte o que dejes de tener un hueco, que deje tu cara de girarse al verme pasar y tu respiración de entrecortarse con la mía cuando estoy saltando al vacío y debajo solo hay fuego, llamas, ceniza. 

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