Mi vida es vida, para bien o para mal

El mundo está desordenado, es un desastre. He sentido frío en verano, he notado ausencias que calan los huesos y no dejan respirar. Han rozado mi piel sus labios, tal vez en sueño, despertándome entonces e inmovilizándome, aún con mis piernas temblando y el latido de un corazón retumbando contra las sábanas. He sentido miedo, miedo de que las cosas salieran mal o de que fueran peor que de costumbre. He sido feliz porque, si algo soy siempre, es feliz. He dejado a la suerte acompañarme un par de días a la semana y a las casualidades cobrar sentido todos los sábados mi vida. He jugado a dejarle al tiempo un margen de sí mismo para curar heridas. Pero, a pesar de todo, he disfrutado mucho de la vida.

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