Una ida sin vuelta.

Estaba destinado a pasar, tu chica, la de la locura preciosa, dejaría de vivir atada, rompería sus cuerdas y lanzaría su pelo al viento. Modificaría sus ganas, correría entre barro y volaría como ave emigrante. Buscaría su nido y encontraría su sitio. Los faros se iluminarían al verla, caminaría descalza por la niebla, saltando de nube en nube y sería feliz. Entendería que lo esencial es invisible a los ojos, pues su corazón estaba lleno y ella no podía verlo. Tenía todo cuanto quería, o simplemente le sobraba con lo que ella misma se había ganado.

Ahora se iba, estaba en la estación de tren con una maleta llena de ''por si acaso'', yo no sé si te llevaba consigo, yo no sé que pensaba ella de tus señales o de ti. Subiría a ese vagón y dejaría su vista pegada a la ventana, intentando reflexionar y calmar su miedo. Probablemente, pedazos de ti estaban quedando en cada uno de los raíles a medida que avanzaba y se alejaba.

Nunca es demasiado tarde, pero deberías haber llegado antes.
Adiós, adiós a ella contigo, adiós.

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