«La navidad deja de ser la misma cuando empiezas a ver ausencias en la mesa.»

Otra vez diciembre se hace un hueco entre los meses del calendario, trayendo consigo millones de escaparates y centenares de luces de colores, un año más de lamentaciones y recuerdos. No sé de qué sirven tantas costumbres, solo invocan al ser humano a ser quien no es, a vestirse de una felicidad inexistente y decir que todo estará bien. Época de recordar que ya no estamos y que por injusto que parezca es opcional y no obligatorio, pues para el día en que la realidad nos obligue a mantenernos a kilómetros o quizá a millones de años luz no podremos juntarnos, ni perdonarnos, ni siquiera cambiar lo que ya no tendremos. No hay motivo de fiesta y aún así celebro que lo que tengo es único, que soy afortunada por vivir dónde vivo y con quién vivo, pero no voy a engañaros, no voy a idealizar esta época del año como pura magia entre las calles del olvido, creo que todo ello forma parte del subconsciente, si quieres creer, puedes lograrlo, pero depende de ti y yo no suelo creer en nada, es más, hace mucho tiempo que no puedo creer ni siquiera en mi. He dejado de pensar que existe algo más allá que tenga el poder de cambiarlo todo porque ni siquiera he sido capaz de cambiar nada de lo que me he propuesto, ni siquiera he sido capaz de cumplir la promesa más importante que es la que me juré a mi misma, pues esta misma la he divido a la miseria en la que se ha quedado y este pesar lo llevo cada día y ahora más que nunca. Deseo felices fiestas a lo que no estáis, a los que no volveréis, a los que estáis lejos y a los que echamos de menos. No es fácil porque ni todos los regalos del mundo podrán cerrar ciertos vacíos. Y sí, volveré a aparentar que todo está bien, volveré a reírme fuerte porque soy feliz y porque aunque no todo esté bien sé que nunca podrá estarlo, madurar es darse cuenta que nunca nada ni nadie será lo suficiente bueno. Entre todo puedo sobresaltar que lo bueno de cada día, ya sea la compañía, las promesas, las riñas, las sonrisas, los abrazos y el cariño de cada uno de los míos no lo cambiaría por nada. Hay cosas que no deberían cambiar y otras que jamás dejaré que cambien y por ello, gracias, gracias a mi gente por lidiar conmigo cada día, por aguantarme los ratos de mal augurio entre tanto y tanto, vosotros hacéis que meses como este dejen un buen sabor de boca a pesar de todos los malos tragos.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho tu punto de vista respecto a la Navidad y esta época del año en general. Lo cierto es que no deja de ser tradición y un poco de teatro, pero si consigue alejarnos un poco de los problemas, bienvenida sea. Y la frase del título…Nada que añadir. Te comprendo perfectamente y sé lo que duele.
    Muchísimas gracias por pasarte por mi blog y comentarme, ¡ya te sigo!

    Un besito,

    Daw

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  2. Totalmente cierto, cuando somos pequeños la navidad es ilusión pero cuando todo se descubre sólo nos quedamos con una tradición. Y para mí una tradición que empieza a ser melancólica y triste.
    Mil besos.
    Te sigo desde hoy.

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