Parece que es el tiempo el que se adueña de nuestra razón y abandona el corazón lentamente, dejando profundas huellas y creando grandes heridas que no se curan ni con años. Puede que esto sea como un juego en el que se trate de romper una herida cicatrizada continuamente hasta estar muy triste, o quizá no. Quizá el destino de todo esto sea encontrar una persona que si que pueda cicatrizar todas las heridas que han hecho pedazos un corazón o el conjunto que forma una persona entera. A todo esto, me he propuesto cambiar pero sigo cayendo en la misma piedra de siempre, sigo amando aquello por lo que di la vida en su día, sigo queriendo el pasado y temiendo el futuro que nos espera. Y sí, hablo en plural y digo que nos espera, a los dos, porque si el camino nos juntó un día no fue por casualidad, todo sucede por algo y está claro que aquello tuvo una razón y la tendrá siempre quieras o no.
Ni siquiera por mí
Hoy amaneció nublado y no vino nadie. El eco retumbaba en las paredes mientras los pensamientos rugían aquí dentro. Me acordé, entonces, de todos los motivos que tuve para no hacer lo que hice cuando la debilidad vino a atraparme. Pero me dejé llevar por todos los motivos que me recuerdan que yo soy, hasta cuando no quiero, la que hace estas cosas. A punto de tronar, el día no me abraza, es difícil ver claridad cuando hay humo haciendo cenizas de todo lo que ya pasó. Tapé el resquicio, con él la esperanza y no me siento mejor al haberlo intentado ni siquiera por mí. Eva Álvarez @aunsintisoyfeliz
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