Las cosas que realmente valen la pena no serán eternas y un día girarás tu cabeza y ya no estarán.

Te das cuenta que de repente todo encaja, cada cosa sin sentido, cada cosa inhumana, recibe una razón y resulta ser real y lo hace de la manera más dañina, de la manera que más me perjudica. Qué será esta sensación de estas últimas semanas. Que será el mal humor de cada día y qué motivo tendré para explotar a llorar a la mínima de cambio, al mínimo detalle que nunca me hizo daño pero que ahora me hiere como si tuviera la misma importancia que algo mayor. Por qué me siento así cada vez que me miro al espejo y me veo a mi, otra vez. Qué motivo tengo para pedir tu cuidado, qué motivo tengo para pedir lo mismo que yo doy. Qué derecho hay a que no esté conforme. Quizá sea la fecha que marca el calendario de mi habitación, quizá sea el mes de Diciembre que trae todos los recuerdos que jamás recuperaré, que trae todas esas penas calladas durante años y que ahora mi coherencia de adolescente saca a la luz. Quizá sea que te echo de menos y te necesito. Quizá sea que las quiero aquí conmigo.

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