Cuanto te miro, me brillan los ojos.

No puedes imaginarte lo que siento cuando te ríes. No puedes imaginar lo que corre por mi estómago cada vez que me besas y nos abrazamos sin más. Tu risa es mi camino día a día, el sol que ilumina mi mirada y aguarda en mi lo mejor que puedo sentir. Cada dolor es menos dañino si tu estás ahí son la sonrisa puesta y las manos sobre mi. Aún, después de tantos meses, mantengo la ilusión, las ganas de seguir, de avanzar y ante todo de hacerte feliz. Siento la necesidad de que seas tú las veinticuatro horas, que le falten horas a tus días y que vengas a pedírmelas a mi después. Siento que son tus mensajes los únicos que quiero recibir, pues sé que si no eres tú, odio al resto. Pues también sé que tus ''todo saldrá bien'' me hacen fuerte. No puedo explicarte nada más, pero cuando te miro deseo que sean tus ojos y tu sonrisa, tal cual los que tengan mis hijos. Quiero que ellos sean como tú, quiero que tengan el poder de hacer a alguien tan feliz como tú me haces a mi.  

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